Cita a ciegas
Desembarqué tan rápido como pude. Me faltaba tiempo para llegar a la cafetería del aeropuerto. Al llegar, lancé un rápido vistazo a los presentes. Han sido los nervios, demasiado rápido. Me calmé y busqué con más tranquilidad. Parejas que se reencuentran, parejas que se despiden, trabajadores de traje y corbata. Familiares, amigos, amantes. De todo, menos mi cita.
Me sentí entre la decepción ante el fracaso, y aliviado porque era mi primera y única cita a ciegas. De repente, oí mi nombre. Con los nervios no había visto que la cafetería tenía dos plantas. Subí o más bien trepé la escalera. Me gustó.
Después de una balbuceante e incongruente conversación entre dos adolescentes con canas, decidimos partir hacia el hotel. Tomamos el vacío autobús del hotel. Nos sentamos al final, como los chicos malos del cole o cuando aprovechábamos la oscuridad del cine.
Nos miramos, era imposible esperar más, nos besamos. Un beso húmedo, ardiente, contenido de deseo. Segundos, minutos o años después, y tras los suspiros que llegaron al conductor, arrancó el autobus y nos dejó en el hotel.
En la recepción, varios extranjeros realizaban el check-in. Nosotros, seguíamos mirándonos, intercambiando sonrisas, palabras al oído. La atraje contra mi cuerpo.
Lo bonito del verano es el calor que despiden los cuerpos y las pocas barreras que suponen las ropas. Estábamos ardiendo. Yo notaba su humedad. Quizás era consecuencia del mediterráneo.
Subimos a la habitación entre pequeños encuentros en el ascensor. Al entrar en ella, le falto tiempo para desabrocharme la camisa y comenzar a besarme.
Lo hizo con maravillosos y ligeros besos en mi cuello. Con su lengua repasaba, una y otra vez mis pezones. Poco a poco bajaba hacia mi abdomen.
Cuando comenzó a dessabrocharme el pantalón, creí que mi...

Blue Moon dijo
mi....???? prometedor inicio
5 Enero 2006 | 12:20 PM