Crónica de una infidelidad anunciada (introducción general)
Realmente la pregunta encendió todas mis alarmas, por no decir que encendió otras cosas. Sonreí y por supuesto acepté la proposición.
Condujo durante unos quince minutos mientras la conversación transcurría entre bromas, sin dejar entrever el deseo contenido. Vivía en un duplex pequeño y cálido. Como siguiendo las pautas de buena anfitriona, puso música, encendió una vela y nos sirvió unas copas. Me senté el sofá a esperarla.
Unos minutos después me acerqué y comencé a besarla.
Casí rozándo esos maravillosos labios ardientes. A mi siempre me ha recordado a Michelle Pfeiffer, sobre todos su boca. Seguimos rozando apenas nuestros labios. Mientras le besaba su cuello y sus lóbulos, notaba como su respiración se agitaba y entreabría su boca. Nos volvimos a besar, pero esta vez parecía que queríamos devorarnos. Nuestras lenguas no dejaban de pelear para alcanzar el interior del otro.
Introduje mi mano entre su blusa, y comencé a acariciar sus pechos. Cuando pasaba mi mano o mis dedos acariciaban sus pezones, es como si hubiese desencadenado el infierno. No sé cual de los dos estaba más excitado, sé que desabotoné su blusa y comencé a lamerle y chuparle sin descanso. Se corrió sin más o la humedad de sus bragas así parecía decirlo.
No tuve mas remedio que bajar a beber de esa maravillosa fuente. El sabor metálico de su coño me hacía relamerlo una vez y otra. Pasaba mi lengua de arriba a abajo, despacio. Ella cada vez empujaba más su pelvis contra mi boca. Me encantaba hacerla sufrir y seguía paseando el ancho de mi lengua por todo su coño. A veces la introducía o le daba pequeños chupetones a su clítoris. Creo que forcé demasiado, pegó un salto. Se puso de rodillas en el sofá. Me desabrochó la bragueta. Se hizo sitio y se montó sobre mí. En unos minutos de cabalgada casi acaba conmigo.
Se levantó, tomo un trago, encendió un pitillo, cambió la música y me sonrió. No sé si en ese orden. Definitivamente no era la mujer que había conocido años atrás. Me desnudé porque me parecía algo estúpido con el pantalón a media asta. Pareció una invitación, porque apagó el cigarro y metió en su boca mi polla.
No la dejé disfrutar de ella demasiado, y la separé para poder reservarla un poco. Me cogió de la mano y inició la subida a su dormitorio. Digo inició, porque en medio de la escalera la atrapé por detrás y mientras la besaba por su cuello y nuca, una mano le acariciaba sus agradecidos pechos y con la otra, jugaba con su clítoris. Cuando alcanzó el orgasmo y sin darle tiempo, la empujé contra la pared, la puse de espaldas y la follé en las escaleras. Esta vez creí que ya poco más me quedaría que darle.
Me llevó a la habitación y se disculpó para ir al baño de la misma. No pude evitarlo y me acerqué a mirar por la puerta entreabierta. Cuando se estaba desmaquillando, me volví acercar a ella porque volvía a estar empalmado. No sé que tiene esta mujer que sólo verla produce ese efecto en mí.
Otra vez de pie, apoyando sus manos sobre el lavabo y mirándonos al espejo, comencé a follarla. Notaba mi polla dura y estaba disfrutando metiéndosela despacito, arriba, abajo, un poco a la derecha, un poco a la izquierda. Ahora en pequeños círculos. Era la primera vez que nos lo tomábamos con calma y no como si fuese nuestro último polvo. De vez en cuando le metía un pequeño empujón, apretándome todo lo que podía contra ese maravilloso culo.
Una vez más, me sorprendió. Mirándome a través del espejo me dijo: "quiero que me rompas en dos, hijo de puta, quiero que me rompas con esa maravillosa polla". Si yo ya la tenía dura, creo que se hizo de piedra y cuanto más dura y más profunda se la metía, más continuaba ella con frases como esa. Me corrí, nos corrimos, como creo que no lo había hecho nunca.
Me lavé y cuando volví a la habitación, ella estaba tumbada en la cama como si ya estuviese del todo satisfecha. Casi puedo decir que me alegré, para alguien que pronto cumpliría cuarenta años ya era demasiado. O a mi me lo parecía. Pero en cuanto me acerqué a la cama, saltó sobre ella, se sentó en el lateral y me dijo: "quiero comerte la polla y que te corras en mi boca".
Definitivamente no era ella. Le dije que si era capaz de hacer algo con aquello que ya parecía un muerto, que por mí encantado. No sé lo que hizo pero resucitó, y aunque poco era lo que me quedaba, me corrí dentro de ella. (to be continued?)

Blue Moon dijo
gran experiencia, la infidelidad solo existe en la sociedad, no en el instinto, es bueno dejarse llevar
...aunque tendrás que explicar eso de "sabor metálico"
19 Enero 2006 | 12:06 PM